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Trasplantar un bonsái

¿Por qué trasplantar?

Por motivos sanitarios, principalmente. Al trasplantar un bonsái estamos renovando un sustrato que puede estar empobrecido o cambiando un sustrato inadecuado. Además, cortaremos las raíces demasiado largas e invasoras con vistas a favorecer su ramificación y la posterior aparición de raicillas. Y, además, estamos dando un mayor espacio a un árbol confinado en su maceta.

¿Cuándo trasplantar?

La mejor época es a finales del invierno, antes de que las yemas se abran. El estrés será tan mínimo para el árbol y la reanudación también será la ideal gracias a la circulación de savia que se activa en esta temporada. Para las especies tropicales y subtropicales, es preferible a finales de la primavera.

Frecuencia:

Para los árboles más jóvenes cada 1 o 2 años, mientras que para los árboles maduros la realizaremos cada 3, 4 o incluso 5 años.

¿Cómo trasplantar?

Es necesario proceder por etapas bien programadas para evitar a las raíces desnudas secarse durante la operación. Lo primero que tenemos que hacer es preparar el material. Material que necesitaremos:

  • Sustrato
  • Una nueva maceta (si vamos a cambiarla)
  • Una garra de trasplante
  • Un surtidor (para las especies hojosas únicamente)
  • Un junquillo chino
  • Verjas de drenaje, ya preparadas o recortadas (agujeros de 2 a 3mm)
  • Hilo para mantener el árbol
  • Espátula para apretar el sustrato
  • Gruesas tijeras para cortar las raíces
  • Pulverizador con agua para evitar la desecación del terrón. Lo utilizaremos regularmente a lo largo de las operaciones
  • Tijeras finas y garras para el corte de la parte aéreas (si es necesario)
  • El árbol. Éste deberá no haber sido regado durante los 2 o 3 días anteriores al trasplante, con el fin de que el sustrato sea más maleable.
Cuidados de bonsáis: Trasplante

Si trasplantas a una nueva maceta, comienza por poner las verjas de drenaje en el fondo de la vasija y fijarlas con hilo. Uno de los puntos fundamentales es aplicar una fijación correcta del árbol en la maceta. Para que esta operación se realice lo mejor posible es necesario hacer pasar al menos dos hilos por los agujeros de drenaje para mantener el árbol. Luego, comienza a rellenar la maceta con el sustrato. La granulometría dependerá ante todo de la etapa de cultivo del árbol. Para un árbol en formación, privilegiaremos una gruesa de granulometría que favorecerá el desarrollo de las raicillas. Cuanto más adulto sea el árbol, más reduciremos la granulometría del sustrato (una capa de drenaje es posible, pero no indispensable).

Desenredar las raíces y quitar la antigua tierra. Saca el árbol de su maceta y desenreda las raíces sobre los costados del terrón con la ayuda del junquillo. Araña el fondo del terrón para liberar el cabelludo y también la parte superior del terrón a partir del tronco hacia la periferia. Es imposible no cortar ninguna raíz ya que las más finas son frágiles, pero hay que, sin embargo, prestar mucha atención para limitar las roturas. Por tanto, no dudes en tomarte el tiempo que haga falta para actuar con precaución.

Hay que quitar la totalidad de la antigua tierra en la mayoría de los árboles, excepto en los árboles sensibles (los pinos, por ejemplo). Para este tipo de árboles, podemos practicar trasplantes parciales, cambiando únicamente una parte de la tierra en cada trasplante.

Trabajar las raíces. Acorta las raíces en su conjunto con la ayuda de las tijeras gruesas. Utiliza almáciga de cicatrización para los cortes de las raíces gruesas. Corta las raíces poco agraciadas y las mal colocadas. Después del corte de las raíces, obtenemos un terrón compacto y relativamente llano.

Puesta en la maceta. Pon el árbol después de fijarlo con los hilos (esto evitará que las nuevas raíces se hundan con una ráfaga de viento). Es muy importante que los hilos estén bien prietos: el árbol no debe moverse nada. Habrá que proteger las raíces colocando un pedazo de caucho, por ejemplo, entre ellas y el hilo para no herirlas. Añadir ahora el sustrato.

Llena los agujeros valiéndote del junquillo chino que es muy práctico. Pinchando alrededor del terrón, nos aseguramos que no queda vacío. Llena de sustrato y aprieta bien, dejando suficientemente espacio entre la superficie y el borde de la maceta, previniendo derrames de agua en los riegos. Riega abundantemente, varias veces si es necesario, pero siempre en lluvia fina para cuidar del sustrato.

Protecciones posteriores. Durante el mes siguiente al trasplante, el árbol necesita cuidados particulares para asegurar una buena “convalecencia”. Protégelo de las heladas (las heladas tardías son particularmente peligrosas). Exponlo a la sombra y riégalo para que nunca esté seco el sustrato. Nada de estiércol antes de tres semanas a un mes. Asegurarse que el árbol está bien fijo. En ningún caso debe moverse (esta indicación es válida hasta en los períodos fuera de trasplante).



    
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